Investigación Qinvia · Historia de los mercados

El 10% anual: una historia verdadera, no una ley

Qué mide realmente el famoso promedio bursátil estadounidense y qué enseñan los mercados ausentes y los horizontes de treinta años sobre usarlo como previsión.

Idea central. El 10% anual de la renta variable estadounidense es una cifra histórica real. No es, por eso, una ley universal de la inversión ni una previsión. La lección no es alejarse de la bolsa: es distinguir entre lo que ocurrió, lo que pudo ocurrir y lo que una cartera debe poder soportar.

Londres, 1900. Imaginemos a una inversora que abre la prensa financiera antes de decidir qué parte de sus ahorros compromete durante décadas. No sabemos quién es; ese es el punto. Tampoco puede saber qué país atravesará guerras, cambios de régimen, inflación, innovaciones o décadas de estabilidad suficiente para que una inversión compuesta haga su trabajo.

Estados Unidos ya es un mercado importante. Pero el mapa bursátil mundial está mucho más repartido de lo que estará un siglo después. La cuestión no es adivinar qué habría elegido esta persona imaginaria. Es reconocer que, desde su fecha de partida, varios futuros parecían posibles y ninguno venía etiquetado como «la historia que luego enseñaremos».

Ahora avancemos hasta hoy. La frase que ha sobrevivido es limpia y tranquilizadora: «la bolsa da un 10% anual a largo plazo». Contiene una verdad histórica. También condensa un país, un periodo, una medida de rentabilidad y una secuencia de acontecimientos que no volverán a ocurrir del mismo modo. Antes de convertirla en una expectativa personal, merece que le devolvamos sus apellidos.

1El número sí existe

La síntesis pública del UBS Global Investment Returns Yearbook 2026 sitúa la rentabilidad anualizada de la renta variable estadounidense entre 1900 y 2025 en 9,8% nominal, con dividendos reinvertidos. Una vez descontada la inflación, el resultado es 6,6% real anual.

Ambas cifras son notables. También describen cosas distintas.

  • Nominal significa euros o dólares corrientes: no descuenta lo que ha subido el coste de la vida.
  • Real significa poder adquisitivo: es la medida más cercana a lo que importa para una meta de consumo futura.
  • Total return incluye dividendos reinvertidos. No equivale al gráfico de precios de un índice.

El contraste no rebaja la historia de éxito; la hace legible. El mismo informe estima que un dólar invertido en renta variable estadounidense a comienzos de 1900 habría llegado a 124.854 dólares nominales al cierre de 2025. En poder de compra, el índice de renta variable real llega a 3.296. La diferencia entre ambas curvas no es un tecnicismo: la inflación y la reinversión forman parte del resultado.

La primera figura deja ver esa diferencia sin pedirnos que elijamos una versión cómoda. En la reconstrucción mensual de Robert Shiller, de enero de 1900 a diciembre de 2025, el retorno total nominal anualizado es 10,03%, el retorno total real 6,84% y el precio real 2,66%. No son tres respuestas rivales: los dividendos explican una separación y la inflación otra. Tampoco son una reproducción de UBS. Índice, deflactor y base de datos difieren; por eso las cifras de Shiller no tienen que coincidir exactamente con el 9,8% y el 6,6% de UBS.

Tres lecturas de la bolsa estadounidense desde 1900: retorno total nominal, retorno total real y precio real, construidas sobre la misma serie de Shiller.
Figura 1 — Tres unidades, una historia. Datos mensuales de Robert Shiller, enero de 1900 a diciembre de 2025. Las curvas parten de 100 y utilizan su serie de retorno total real con dividendos reinvertidos, el S&P Composite y el CPI. Precio real excluye dividendos. Sin impuestos ni costes. Estos niveles no son el índice total de UBS, que utiliza otra base.

Hay una precisión histórica importante. Estados Unidos no era un mercado pequeño en 1900. Ya era una parte muy relevante del capital cotizado mundial. Lo que ha cambiado de manera extraordinaria es la escala de su predominio: UBS estima que hoy representa alrededor del 62% del valor de la renta variable mundial. No conviene reescribir el pasado como si el desenlace americano hubiese sido evidente ni como si partiera de la irrelevancia. Era importante; terminó siendo dominante.

2Mirar solo a quienes siguen en pantalla

La historia de Abraham Wald ofrece una parábola sobre la selección, no una demostración financiera. Wald estudió cómo inferir la vulnerabilidad de aviones a partir de los que regresaban: la muestra de supervivientes dejaba fuera precisamente los impactos potencialmente letales.

Un mercado no es un bombardero, y la parábola no convierte automáticamente cada historia bursátil en sesgo de supervivencia. Sirve para formular una pregunta mejor: cuando observamos sobre todo mercados con series largas y continuas, ¿qué parte de la historia queda fuera de la muestra? Esa pregunta exige datos y método; por eso, después de la parábola, entra Jorion–Goetzmann.

Philippe Jorion y William Goetzmann afrontaron esa pregunta en Global Stock Markets in the Twentieth Century. Reconstruyeron retornos de 39 mercados entre 1921 y 1996 y documentaron las interrupciones de las series. Para esa ventana, la rentabilidad real geométrica de precio de Estados Unidos fue 4,32% anual; la mediana de los 39 mercados fue 0,75% anual. Son trayectorias nacionales de duración desigual y sin dividendos. La mediana describe la posición de un país típico de la muestra; no describe el retorno de una cartera mundial comprable.

Ese contrapunto cambia la lectura sin borrar la primera observación. En el mismo estudio, el índice mundial de precios ponderado por PIB y construido con todos los mercados —incluidas las pérdidas que el método imputa en las roturas permanentes— rindió 4,04% real anual, frente al 4,32% de Estados Unidos. La cartera global de ese ejercicio no es equivalente a la mediana de países, y tampoco es una serie de retorno total. Ambas perspectivas importan: Estados Unidos quedó por encima de la mayoría de los mercados nacionales; una cartera mundial ponderada tuvo una experiencia bastante más cercana a la estadounidense que esa mediana.

Nuestra segunda figura no pretende volver a calcular ese ranking. Enseña algo anterior: la disponibilidad numérica del archivo recibido. Esa disponibilidad no prueba que un mercado estuviera abierto ni que la cotización fuera continua: el archivo contiene valores positivos reconstruidos o empalmados para Alemania y Japón durante sus interrupciones de 1944–49. De los 39 mercados, siete series terminan antes de diciembre de 1996. Además, 426 observaciones no positivas aparecen en siete mercados; un índice de precios no puede adoptar esos valores, de modo que se muestran como datos inválidos, no como caídas ni pérdidas. Es una figura de cobertura y calidad de archivo, no un veredicto de supervivencia. Un valor disponible no demuestra continuidad de mercado; una ausencia no demuestra pérdida.

Presencia y calidad de valores numéricos de índices de precios reales para 39 mercados históricos en el archivo de Jorion y Goetzmann, 1919 a 1996; un valor no prueba negociación abierta.
Figura 2 — El archivo no es el mercado. Archivo descargable de Jorion y Goetzmann, 1919–1996. Azul: índice positivo en el archivo, que puede ser una reconstrucción; petróleo: serie sin valores al final; gris discontinuo: valor no positivo, inválido para un índice de precios; blanco: sin valor. Alemania y Japón tienen tramos reconstruidos durante las interrupciones de 1944–49. La presencia de un número no demuestra un mercado abierto; un fin de serie tampoco demuestra pérdida total. Abrir figura ampliada

3La historia no exige una catástrofe para frustrar un plan

Cuando se habla de sesgo de supervivencia, es fácil caer en escenas demasiado simples: un país que desaparece, una bolsa tratada como pérdida total, un único acontecimiento que explica todo. La realidad financiera suele ser más enrevesada. Las interrupciones de mercado, las nacionalizaciones, las conversiones monetarias, las hiperinflaciones y las reaperturas pueden afectar de manera distinta a distintos activos y a distintos inversores. No hace falta convertir cada episodio histórico en una afirmación absoluta para entender el riesgo.

Tampoco hace falta salir de Estados Unidos para encontrar periodos exigentes. Una cartera de acciones puede tener un buen resultado a muy largo plazo y, al mismo tiempo, obligar a esperar a quien llega en un mal momento. La tercera figura fija tres entradas reales de Shiller: septiembre de 1929, diciembre de 1968 y agosto de 2000. Con dividendos reinvertidos, el primer cruce posterior que vuelve al valor del mes de entrada llega a los 7,17, 3,92 y 12,75 años, respectivamente. Mirando solo precio real, la espera cambia a 29,17, 23,08 y 14,25 años. La diferencia no es un detalle de presentación: es la distancia entre poseer una cotización y poseer un retorno total.

El primer cruce no promete que la recuperación vaya a durar, ni describe una cartera con costes, impuestos o aportaciones. Pero devuelve proporción a la frase «el largo plazo»: incluso dentro de la serie estadounidense, el camino importa tanto como el promedio.

El ejemplo japonés sigue siendo útil si no se le pide una conclusión que no puede dar. El Nikkei 225 de precios superó en febrero de 2024 su máximo nominal de diciembre de 1989. Eso no fecha la recuperación de una cartera individual y no forma parte de nuestra figura; faltan dividendos, inflación, divisa, impuestos, aportaciones y el índice exacto que se poseyera. No es una predicción ni una equivalencia con Estados Unidos.

Duración hasta recuperar el valor real del mes de entrada en episodios estadounidenses seleccionados, con y sin dividendos reinvertidos.
Figura 3 — Recuperar el valor inicial depende de qué se mide. Cálculo propio con la serie mensual de Shiller y CPI: primer mes en que cada serie real alcanza el valor del mes inicial indicado, elegido por un máximo local de precio real. Precio real excluye dividendos; retorno total real usa la serie de dividendos reinvertidos de Shiller. El primer cruce puede no durar; no equivale a una cartera con aportaciones, impuestos o costes.

4El debate honesto no termina en el sesgo

Hay una versión responsable de la tesis optimista. La base histórica global de Dimson, Marsh y Staunton, resumida por UBS, cubre 35 mercados y sostiene que las acciones han superado a bonos, letras e inflación en los países con historias continuas de inversión. El informe también señala que diversificar internacionalmente ha sido valioso para la gran mayoría de mercados analizados, aun cuando hoy sea más difícil por concentración y correlaciones más altas.

Eso importa. La conclusión de este artículo no es que las acciones carezcan de prima de riesgo, ni que los datos estadounidenses sean un error, ni que la diversificación elimine todo riesgo. Es más modesta: una rentabilidad histórica muy fuerte no elimina la incertidumbre sobre la siguiente secuencia de rendimientos.

La cuarta figura vuelve a Estados Unidos, esta vez sin escoger un año de entrada. Recorre 1.152 ventanas mensuales solapadas de 30 años en la serie Shiller. Ninguna acaba con retorno total real negativo; 153 de 1.152 sí lo hacen cuando se mira solo precio real. Esa comparación vuelve a decir algo concreto sobre esta muestra estadounidense y sobre dos medidas distintas. No produce 1.152 experimentos independientes, no es una probabilidad futura y no demuestra que la próxima ventana de 30 años vaya a ser positiva.

Distribución de rentabilidades reales anualizadas en ventanas estadounidenses solapadas de treinta años.
Figura 4 — Treinta años no son una cifra única. Cálculo propio de ventanas móviles de 360 meses en la serie estadounidense de Shiller: retorno total real con dividendos reinvertidos frente a precio real sin dividendos. Las ventanas se solapan, no son observaciones independientes ni una simulación mundial. El 12,1% de Anarkulova y coautores procede de otro método: remuestreo de mercados nacionales desarrollados.

La investigación de Anarkulova, Cederburg y O’Doherty pregunta otra cosa y por eso no contradice esa figura. Con el mismo método de remuestreo, estima para una inversión diversificada dentro de un mercado nacional una probabilidad de 12,1% de acabar por debajo de la inflación tras 30 años al usar mercados desarrollados, frente a 1,2% si la inferencia se limita a Estados Unidos. No es el resultado de una cartera mundial ni el porcentaje de nuestras ventanas Shiller. Tampoco predice una probabilidad personal exacta para 2026: depende de la muestra y del método de remuestreo. Lo que muestra esa distancia es cuánto puede cambiar la conclusión cuando se cambia el universo histórico; «mucho tiempo» no convierte automáticamente la renta variable en una garantía real.

5Qué puede hacer un inversor sensato con esta información

La respuesta no es desinvertir por miedo ni buscar el próximo país ganador. Es construir un proceso que no dependa de que una única cifra histórica se repita.

Primero, separar expectativa de promesa. Un plan financiero puede usar supuestos prudentes, rangos y escenarios. La rentabilidad estadounidense de 1900–2025 es un dato de referencia, no un contrato para las próximas décadas.

Segundo, medir objetivos en términos reales. Una jubilación, una universidad o un gasto futuro se pagan con poder adquisitivo. Mirar retorno total real no garantiza el resultado, pero evita confundir una subida nominal con progreso económico.

Tercero, diversificar con intención. Diversificar no equivale a adivinar qué país ganará. Es reconocer que no lo sabemos. Tampoco es una solución mágica: el peso actual de Estados Unidos en el mercado global implica que una cartera global contiene una exposición estadounidense grande. Conocer ese hecho permite decidir, no reaccionar a él después.

Cuarto, diseñar para el comportamiento. Si una estrategia solo funciona para quien no vende durante una década difícil, esa década forma parte de la estrategia. Liquidez para necesidades cercanas, tamaño de riesgo adecuado y reglas previas para rebalancear pueden importar tanto como una rentabilidad esperada elegante.

Quinto, mirar la jurisdicción además del ticker. La custodia, la moneda, el marco legal y la concentración del patrimonio son decisiones distintas de elegir empresas. La historia de los mercados no ofrece un manual infalible; sí muestra que esas capas existen.

6Cierre

El 10% anual no es una mentira que haya que desmontar. Es una verdad que necesita apellidos: estadounidense, histórica, nominal y de retorno total. Al añadirlos, la bolsa no se vuelve menos interesante. Se vuelve una herramienta que puede pensarse con más precisión.

La mejor lectura de la evidencia no es «no inviertas». Es «no confundas el resultado de un pasado extraordinario con una ley de la naturaleza». Invertir con esa distinción no promete menos; exige una promesa más honesta.

Este texto es investigación y educación general; no es una recomendación de inversión ni una valoración de una cartera individual.

Fuentes

Seguir pensando

Una cifra necesita contexto

Las fuentes originales están enlazadas en el texto y al final. Las cuatro figuras son cálculos y visualizaciones propios; cada pie separa precio, dividendos, inflación, período y límites. La rentabilidad pasada no es una promesa, pero una lectura más precisa del pasado ayuda a formular mejores preguntas.

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